Los coches de viajeros de la Serie 5000 y 6000

La amplia historia de los coches 5000 se inicia justo al final de la Guerra Civil, cuando las diferentes compañías ferroviarias privadas, que acabaron conformando la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, vieron muy mermado y deteriorado su parque de coches de viajeros.

Este parque estaba formado por un grupo heterogéneo, de notable antigüedad y conformado por familias de vehículos que estaban constituidas por apenas una decena de ellos.

Como ejemplo, una de las principales compañías privadas ferroviarias (Compañía de los ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, MZA) no disponía de ningún coche de viajeros metálico.

Además, entre todas las compañías, no llegaban a la centena el número de coches metálicos existentes.

Por tanto, existía una enorme urgencia en disponer, ya no solo de coches de viajeros metálicos de moderna construcción, sino de un elevado número de ellos para atender los servicios de viajeros de la época. Para comprender la génesis de este tipo de coches resulta imprescindible conocer la realidad industrial, económica y política de la inmediata posguerra y coyuntura socio-económica en plena segunda guerra mundial, situándose España como simpatizante de los países del Eje.

La devastación causada por la guerra fue especialmente intensa en los recintos industriales, con particular incidencia en los dedicados a la construcción de bienes de equipo, como son los vehículos ferroviarios. A ello se ha de sumar, ya antes del conflicto, un considerable atraso técnico y tecnológico.

Fue desde Alemania, donde se habían logrado a finales de la década de 1930 notables avances en la construcción metálica de coches de viajeros, donde se intervino decisivamente en el diseño y concepción de los coches 5000, resultando unos vehículos tecnológicamente innovadores, gracias al diseño de su estructura autoportante enteramente soldada.

En el diseño, se tuvo en consideración la difícil situación industrial Española, por lo que se adaptó el diseño de las estructuras al empleo de perfiles laminados convencionales, empleando un mínimo de elementos metálicos embutidos, que hubieran requerido maquinaria específica no disponible en la industria española.

Coche del Tren de Felipe II

Pese a estas adaptaciones, el conjunto de la industria nacional ferroviaria no pudo hacer frente a totalidad de las necesidades, por su urgencia, por lo que hubo de recurrirse a la industria francesa. Dado que Francia también se encontraba en plena posguerra, se logró el acuerdo de construir 100 coches en sus propias industrias y de fabricar los componentes para otros 100 coches que deberían ser ensamblados en España, lo que hoy llamaríamos “en kit”.

Así nacieron los coches 6000, cuya principal diferencia era emplear el diseño original alemán, dado que la industria francesa si disponía de suficiente tecnología y medios para llevarlo a cabo, por lo que, estructuralmente, se empleaban chapas embutidas de grandes dimensiones. Exteriormente, es prácticamente imposible distinguirlos de los coches 5000, salvo pequeños detalles interiores (los 6000 fueron los primeros coches con alumbrado fluorescente) y exteriores.

Se construyeron, en esta gran familia, un total de 546 coches, suponiendo la primera gran familia de coches de viajeros del ferrocarril español. Hoy en día, puedes viajar en uno de estos coches a bordo del Tren de Felipe II.

¡Un auténtico viaje al pasado!

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