La Sacristía del Real Monasterio

La Sacristía del Monasterio se encuentra situada junto a la Basílica y accedes a ella a través de unos majestuosos pasillos del Claustro Mayor. Una vez atravesados estos, encontramos la antesacristía. Este espacio es una gran vestíbulo que está cubierto por una bóveda asombrosa con grotescos pompeyanos o «figuras caprichosas» de Nicola Granello, que a su vez trabajó en la Sala de Batallas. En el centro se puede observar un ángel con una vasija y una toalla, haciendo referencia al agua con la que los sacerdotes lavan sus manos antes de entrar a la sacristía. Por este motivo, encontramos en uno de los muros un lavatorio de mármol, jaspe y bronce.

Pasado esto, damos con la Sacristía. Esta estancia consiste en treinta metros de largo por nueve metros de ancho y once de altura y un suelo de mármol blanco y gris. En su lado izquierdo, nada más entrar contamos nueve ventanas, las cuales se asoman a los jardines del monasterio e iluminan el espacio. También encontramos que su bóveda está decorada con grotescos, pintados al fresco por Granello y su hermanastro Fabricio Castello.

Son muchos los elementos valiosos que aguarda este lugar. Las pinturas de Tiziano, Ribera, Lucas Jordán; un espejo de cristal de roca regalo de la reina Mariana de Austria, madre de Carlos III; muebles de madera fina con grandes cajoneras que guardan las casullas y otras prendas utilizadas en las celebraciones litúrgicas sin necesidad de doblarlas… Sin embargo, la gran joya la encoframos al fondo, el suntuoso retablo barroco realizado entre 1685 y 1690, el retablo de la Sagrada Forma.

El diseño y ejecución artística fue obra de José del Olmo. Fueron empleados materiales de gran riqueza: bronce, madera y adornos de concha en las dos puertas a los lados que dan acceso al Camarín. Sobre ellas, dos nichos y dos medallones de mármol blanco enmarcados en jaspe, representando historias relacionadas con la profanación de las Formas consagradas en la iglesia de Gorkum, Holanda, y la Forma considerada milagrosa, entregada al rey Felipe II.

El cuadro, de tres por cinco metros, encargado por el rey Carlos II, reproduce la escena que tuvo lugar en la propia Sacristía, cuando en 1684 se trasladó la Sagrada Forma desde la basílica hasta la Sacristía.

La reliquia se guarda en un templete neogótico diseñado por el pintor Vicente López en el siglo XIX situado bajo dos ángeles y el Cristo crucificado de bronce dorado obra del escultor Pietro Tacca. Este Cristo es una de las joyas escultóricas del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, donde ya se encontraba al menos desde 1648.

Solo una vez al año, el último domingo de septiembre, el cuadro de Claudio Coello es bajado mediante poleas, con el fin de que no se doble, y todo quede a la vista.

Si quieres conocer tanto este increíble espacio como otros que alberga el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, deberás elegir entre el Pack Imperial o el Travesía ya que son los dos que incluyen la entrada al complejo. ¡Compra ya tus billetes!

COMPRA TUS BILLETES

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *