¿Es oro todo lo que reluce?

Según cuenta la «Leyenda del ladrillo del oro», el embajador de Francia preguntó a Felipe II si era tan fácil empezar como acabar una obra tan grande como El Escorial, ya que requería de unos medios enormes para poder ser concluida. Como respuesta a las dudas sobre los recursos del rey, al concluir las obras, Felipe II mandó colocar un ladrillo de oro en la actual torre central y otros dos en las torres laterales que se ven desde el Patio de Reyes.

Cuando el sol se posa en las torres del Monasterio de El Escorial, algunos sillares desprenden un fuerte brillo dorado, dando la sensación de estar fabricados en oro. Pero en realidad, a pesar del encanto de la leyenda, lo que produce ese brillo es la tapa de bronce dorado que guarda reliquias de Santos, como las de Santa Bárbara.

Como ves: “No es oro, todo lo que reluce”

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