El Palacio de los Borbones

A finales del siglo XVIII la dinastía de los Borbones seguía visitando el monasterio de San Lorenzo de El Escorial en las jornadas de Otoño. Carlos III y más tarde su hijo Carlos IV, decidieron decorar alguna de las habitaciones del Monasterio. Lo hicieron basándose en el estilo de la moda francesa, donde son muestras del dicho estilo sus muebles, relojes, porcelanas, lámparas… y para ello se apoyaron en la ayuda del arquitecto Juan de Villanueva.

Villanueva dotó al palacio de una impronta neoclásica muy respetuosa con la traza clasicista otorgada dos siglos antes por su predecesor, Juan de Herrera, arquitecto de Felipe II. Sin embargo, puertas adentro del palacio de los Borbones, la antigua y sobria ornamentación adoptada por aquel, con suelos de barro cocido, arrimaderos y zócalos de cerámica blanquiazul y paredes semidesnudas, por orden de Carlos III se vio sustituida por una decoración profusa, rica y suntuosa.

Lo más importante de estas estancias del Palacio es, sin ninguna duda, la impresionante colección de tapices, tejidos de la Real Fábrica de Santa Bárbara de Madrid. Estos estaban basados en diseños de Goya, Bayeu, David Tenniers y demás pintores de las escuelas españolas y flamencas.

También destacan los tapices belgas característicos en dos de las salas de la zona palaciega, los cuales representan escenas de la mitología griega, basándose en pinturas de Pedro Pablo Rubens. Uno de ellos, donde se escenifica a Neptuno ante el desencadenamiento de una gran tempestad, es considerado el mejor de todo el Palacio. Este consiste en un tapiz con unas medidas de 16 metros cuadrados, y al ser tejida por solo una persona, esta misma tardó aproximadamente 16 años en terminarlo, lo que da a lugar a que se empleó un año por cada metro cuadrado.

En el Palacio de Borbones es relevante mencionar que entre las habitaciones privadas del mismo, se encuentran las conocidas Salas de Maderas Finas. Estas comprenden un total de cuatro lujosas habitaciones cuyos suelos, frisos, ventas, contraventanas, puertas y molduras son obras de las propias técnicas de taracea y ebanistería, donde están representados paisaje, jarrones con flores, y adornos de todo tipo, todo ello elaborado a base de madera.

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